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Tono musculas

Tono musculas

TONO MUSCULAR

Lic. Aníbal P. Scharovsky
Kinesiólogo y osteópata.
Director de la Formación en Yogaterapia de Maas Yoga

«Cuando el tono muscular no es el correcto, los músculos desafinan»


Lic. Anibal Scharovsky

 

La contracción muscular es un pequeño milagro que pasa dentro nuestro todo el tiempo.

Es energía eléctrica que se transforma en energía química para terminar generando energía mecánica. En milisegundos, automático, casi infinitamente.

Un centro superior del cerebro decide que es preciso realizar un movimiento. Le avisa a un grupo de neuronas (motoneuronas alfa)  que tienen que trabajar, y les indica a qué velocidad y con qué fuerza. Estas envían una señal eléctrica hasta el músculo.

Las fibras musculares no conocen de sutilezas, no hay “contraéte un poco que es solo levantar un lápiz” o “tranqui, que estamos en Yoga”. Se activan a todo o nada, al máximo. Las sutilezas se dieron antes más arriba al decidir cuántas neuronas (y sus fibras musculares a cargo) van a ser las encargadas del trabajo.

Esta señal eléctrica se transmite por el larguísimo axón de la neurona (en realidad es una subida de voltaje muy pequeña de unos 15 microvoltios)  y genera la liberación en la unión neuromotora de un mensajero químico llamado acetilcolina. Momento químico.

La acetilcolina se adhiere a los receptores externos de la fibra muscular y esta se modifica. Se abren así los canales de la membrana e ingresa a la célula muscular sodio. Esto es la señal esperada para liberar calcio en el interior de la fibra. El calcio se adhiere a una molécula de troponina que recubre a la actina. La actina desnuda descubre que la miosina está libre también y por una extraña ley de atracción se unen y traccionan. La fibra se acorta (activación muscular) y, oh maravilla, el músculo se acorta y allí tienen: la energía física. Levantamos el lápiz, subimos de Uttanasana o empujamos el auto.

Una vez que el estímulo eléctrico cesa, el calcio y el sodio son recaptados y guardados para utilizar en la próxima contracción (el cuerpo no derrocha nada) y disminuye el acercamiento entre las fibras. El músculo deja de contraerse, puede relajar y por ende, recuperar la longitud.

Energía eléctrica, química y física en menos de un segundo. Millones de veces por día. Sin que lo notemos. Sin que falle. Con el menor gasto energético posible. Un milagro tan cotidiano que no le prestamos atención.

Y una curiosidad para freaks: no existe una molécula del estiramiento.  Es decir, el cuerpo no tiene cómo mandar la orden del estiramiento. Si los músculos que flexionan el codo estuvieron mucho tiempo contraidos, o la persona tiene un tono muscular muy alto, es probable que precisemos la contracción del Tríceps, el antagonista, para poder estirarse.

Un maestro del movimiento decía:

-El músculo es idiota, el inteligente es el sistema nervioso.

El músculo no cuestiona, obedece. Aunque vamos a ver en nuestras formaciones que tiene sus tendencias personales, temores y sus propios mecanismos de seguridad, por si los jefes arriba en la cabeza se distraen.

Es importante tener en cuenta algo: tanto en la práctica de Yoga como de otras técnicas somáticas, nuestra incidencia en el plano físico es, principalmente, sobre el sistema miofascial, es decir músculos y fascias. A través del trabajo sobre estas estructuras y la respiración, podremos observar profundos cambios. Más allá de la patología previa en discos, articulaciones, ligamentos, trabajaremos en lo que somos buenos: músculos y fascias. Por eso, haremos foco en el tono, los tipos de activaciones musculares y su relación con la postura corporal, emocionalidad y psiquis. Esto nos permitirá tener en nuestras clases, una intervención más amplia y efectiva.

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